MI PRIMER RETO
MI PRIMER RETO
Bueno, pues el primero escrito que quiero compartiros es con el que empecé estos retos de escritura.
Seguro que es el peor.
¡OJO! Que sea el primero no quiere decir que sea malo. Creo que de hecho sirve como muestra de que, a pesar de que he aprendido mucho en estos trimestres redactando relatos, hay una esencia con la que empecé que ha seguido. Diría que eso se ve a través de las descripciones de los lugares y en la forma de describirlos, pues mi intención siempre es tratar de meter al lector dentro de la obra misma y consiga una imagen mental de lo que explico. Como si de una peli se tratase vaya.
He de decir que me inspiré, en la forma de escribir, en la saga "La amiga estupenda" de Elena Ferrante.
¡Qué libros más preciosos!
Además, acababa de venir de vacaciones de verano, así que por eso, cuando tuve que empezar a escribir me vino a la mente la imagen de una playa (que es la que aparece en el relato).
El paisaje de un recuerdo
Quema. La arena que roza mis pies desnudos quema, pero no más que el recuerdo de aquel día. Ah, sí, las olas golpeando las rocas y el dulce sabor a un día soleado de verano. Huellas voy dejando a mi paso, huellas que a cada segundo que pasa simplemente son marcas de un pasado cada vez más lejano, rastros temporales que evocan a la existencia de una vida igual de finita.
Mi memoria ya no es lo que era, ahora está llena de recuerdos vacíos cuyos suspiros me indican que no por ello son menos relevantes que el presente mismo. Observo la extensión azul de enfrente, tranquila pero fuerte e infinita. Todo parece estar en su sitio. Los niños jugando, el agua manchando la arena, el sol reluciente… Espera, me equivoco. Lo veo. Veo de nuevo aquel alegre muchacho de ojos verdes, brillantes, que pudo cautivarme. Siento el olor de su piel bañada en sal, aferrándoseme como si temiera perderme. Lo veo besándome y corriendo hacia el agua.
-¡No vayas!
Pero de nada sirve gritarle al fantasma de un pasado inamovible. Solo puedo observar, ser de nuevo la espectadora de cómo un cielo hermoso y un mar calmado pueden convertirse en el peor de mis recuerdos, ver cómo el hombre que más quise nada veloz hasta ser un pequeño punto en la distancia de aquel paisaje cada vez más feroz. Me acerco al agua corriendo y empiezo a nadar mientras las olas me empujan de nuevo hacia un lugar seguro. Vislumbro entre cada oleada su cuerpo intentando acercarse al mío. Y de golpe, todo se vuelve negro. Sirenas, personas gritando, la arena fría, el pelo sucio mojado pegándose a mi piel, y luego… Luego está la luz enfermiza del hospital, donde recibí la noticia.
-Ha sido un milagro, Dios te ha salvado, pero él… No ha tenido la misma suerte.
Esa fue la palabra que usaron, “suerte”. Pero, ¿qué tan afortunada soy yo si desde ese día la vida y la muerte me atormentan? Y ahora, me encuentro aquí, otra vez, observando el mar y agarrándome a la vitalidad de aquel recuerdo mientras el peso de los años me acerca a las olas, junto a aquel chico a través de la muerte, la cual me está esperando pacientemente.
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